Fomentar la creatividad infantil es mucho más que hacer manualidades juntos: es regalarles herramientas para toda la vida, dándoles permiso para imaginar, explorar, equivocarse y crear sin miedo. A través del juego, el arte, el diálogo y la experimentación, podemos despertar su potencial y acompañar su crecimiento de forma respetuosa y significativa.
La creatividad no es solo una habilidad artística; es una competencia transversal que mejora la resolución de problemas, la innovación, la autoestima y la capacidad para adaptarse a los cambios. Numerosos estudios, como el del World Economic Forum (2025), señalan que será una de las 4 soft skills más valoradas en el futuro laboral.
Fomentar la creatividad infantil les ayuda a:
- Confiar en sus propias ideas.
- Aprender a expresar lo que sienten.
- Encontrar nuevas soluciones ante los retos.
- Sentirse capaces, curiosos y únicos.
En casa o en el aula, hay muchas formas de acompañar su desarrollo creativo con actividades que despierten su curiosidad y fortalezcan habilidades clave para su futuro. En este post te compartimos 3 técnicas eficaces para fomentar la creatividad infantil, con ideas adaptadas según la edad.
Ya seas madre, padre, educador, monitor de actividades o cualquier persona que quiera cultivar el talento auténtico de los niños y niñas, prueba estas técnicas y observa cómo cada uno de ellos y ellas encuentra su propia forma de brillar.
(1) Tormenta de ideas creativas o brainstorming
¿En qué consiste esta técnica?
Una tormenta de ideas creativas (brainstorming) es una técnica sencilla en la que se anima a los niños y niñas (mejor si es en grupo) a generar una gran cantidad de ideas sobre un mismo tema o problema en poco tiempo, sin juzgar ni descartar ninguna de entrada.
El objetivo es fomentar la creatividad infantil y dejar fluir todas las propuestas posibles, por muy locas o imposibles que parezcan al principio. Por ello, sus características clave son las siguientes:
- Se prioriza la cantidad sobre la calidad en la primera fase. ¡Todas las ideas se apuntan!
- No se critica ni evalúa ninguna idea mientras se generan.
- Se pueden combinar ideas para crear otras nuevas.
- Es muy útil para resolver problemas, iniciar proyectos o fomentar la participación grupal.
¿Por qué funciona?
Aplicando bien la técnica de la tormenta de ideas creativas y adaptándola a la edad de los niños y niñas, podemos conseguir resultados excelentes:
- Estimular el pensamiento divergente y el placer de imaginar sin límites.
- Reforzar la confianza en las propias ocurrencias y fomentar la autoexpresión sin miedo al juicio.
- Practicar la escucha activa y el respeto por las ideas de los demás.
- Impulsar la colaboración.
¿Cómo aplicarla según la edad?
De 3 a 6 años: creatividad visual y simbólica
El objetivo en esta etapa es desarrollar la imaginación simbólica y la flexibilidad cognitiva de forma visual y lúdica.
Para ello, puedes utilizar imágenes claras y llamativas (pictogramas, fotos o dibujos grandes) y plantearles preguntas abiertas con un tono lúdico (¿Qué podría ser esto además de una nube?, ¿Qué harías tú con este sombrero mágico?, ¿Qué pasaría si los árboles hablaran?…). Apóyate en gestos y dramatización para dar pistas si es necesario.
También es interesante colocar 3 objetos reales sobre una mesa (por ejemplo, una cuchara, una caja y una bufanda) y preguntarles ¿En qué se puede convertir esto si usamos la imaginación?. Escribe o dibuja las respuestas en una cartulina (incluso aunque no sepan leer porque ver su idea representada les emociona).
De 6 a 9 años: creatividad práctica y lúdica
En esta etapa el objetivo es fomentar la capacidad de generar ideas útiles o divertidas a partir de recursos simples.
Para ello, puedes proponerles retos que conecten con su mundo. Ej. ¿Qué podríamos hacer con una caja vacía?, Imagina que esta botella es un invento nuevo, ¿Para qué podría servir?. Anota cada respuesta en una cartulina en forma de mapa de ideas, y agrupa las ideas en familias (locas, posibles, útiles, decorativas…).
También se puede hacer un brainstorming encadenado, de manera que el primero dice una idea, el segundo la transforma (¿Y si además…?), el tercero suma algo nuevo (Podría tener alas…) y así sucesivamente.
De 9 a 12 años: creatividad aplicada a problemas reales
El objetivo principal en esta franja de edad es estimular el pensamiento crítico y la generación de ideas con impacto.
Para ello, se les puede invitar a idear soluciones para un problema cotidiano o global (¿Cómo podríamos ahorrar agua en casa o en el cole?, ¿Qué podríamos hacer para ayudar a alguien que está solo en el recreo?, ¿Y si tuviéramos que inventar una mochila inteligente?).
También se puede transformar el brainstorming en un juego tipo «El reto de los 15 minutos». De este modo, les damos 15 minutos para generar al menos 15 ideas en equipo sobre un reto propuesto. Luego votan la más viable, la más divertida y la más loca.
(2) Juego simbólico y (3) dramatización
¿En qué consisten estas técnicas?
El juego simbólico es una forma de representación en la que los niños y niñas utilizan objetos, acciones o palabras para representar algo distinto de lo que son. Implica asumir roles, simular situaciones, crear personajes y tramas, y explorar tanto el mundo real como imaginario.
La dramatización, por su parte, se enfoca en representar escenas mediante la actuación, incorporando lenguaje verbal, corporal y emocional. Ambas técnicas son esenciales para fomentar la creatividad, la empatía, la comunicación y la resolución de problemas.
| Juego simbólico | Dramatización | |
| Estructura | Espontáneo, sin guion | Más estructurado, puede haber guion o secuencia |
| Objetivo | Explorar, expresar, imaginar | Comunicar, representar, actuar |
| Edad común | Desde los 2 años | Desde los 6-7 años (adaptable a otras edades) |
| Tipo de juego | Interno, individual o compartido | Externo, generalmente grupal y con público simbólico |
| Rol del adulto | Observador o facilitador del entorno simbólico | Coordinador, guía o director de escena |
¿Por qué funcionan?
El juego simbólico y la dramatización son dos técnicas esenciales para fomentar la creatividad en la infancia. Ambas se basan en el poder del juego y la representación, permitiendo a los niños y niñas imaginar, transformar y construir significados desde su experiencia personal o desde mundos inventados.
A través del juego simbólico, transforman objetos cotidianos en elementos fantásticos y dan vida a situaciones reales o inventadas, lo que estimula el pensamiento abstracto y la capacidad de generar nuevas ideas.
La dramatización, por su parte, introduce una dimensión más estructurada y expresiva: al crear personajes, imaginar diálogos o representar escenas, los niños ejercitan su pensamiento narrativo, su expresividad corporal y emocional, y su habilidad para colaborar y comunicar en grupo.
Al partir del juego y no de la imposición, activan un aprendizaje significativo en el que la creatividad florece de forma natural, conectando con sus intereses, emociones y capacidades. Lejos de ser actividades “solo lúdicas”, favorecen procesos mentales complejos y habilidades sociales y emocionales fundamentales.
- Estimulan la imaginación: permiten inventar historias, transformar objetos y crear escenarios ficticios.
- Favorecen el pensamiento divergente: invitan a encontrar múltiples respuestas o soluciones a una misma situación.
- Desarrollan la empatía: al asumir otros roles, los niños y niñas comprenden diferentes puntos de vista y emociones.
- Refuerzan la comunicación verbal y no verbal: al expresarse, negociar reglas del juego o representar personajes, mejoran su competencia lingüística.
- Promueven la narrativa interna: crean estructuras de historia (inicio, nudo y desenlace), lo que fortalece su pensamiento lógico y creativo.
- Potencian la autonomía y la autoestima: los niños toman decisiones, prueban ideas, corrigen errores y celebran sus logros sin miedo al juicio.
¿Cómo aplicarla según la edad?
El secreto de estas dos técnicas está en adaptar el nivel de estructura narrativa, profundidad emocional y grado de autonomía a lo que cada niño o niña está listo/a para explorar. De este modo, jugar a ser otros les ayuda a ser más ellos mismos.
De 3 a 6 años: exploradores del «como si fuera/quisiera…»
El objetivo en esta etapa es potenciar la imaginación, la expresión espontánea y la capacidad simbólica. Para ello, con materiales reciclados, se les puede proponer crear una tienda de juguetes, la cocina de un restaurante, una agencia de viajes, un hospital de muñecos, un taller de moda…
Trabajarán la creatividad (inventando productos mágicos como la sopa de arcoíris con estrellas o una leche que da superpoderes…), el lenguaje (preguntando cuánto cuesta o si su cliente quiere bolsa,,,), la empatía (cuidando a los muñecos, preguntando cómo se sienten y cuáles son sus síntomas…), la narración (crearán historias de accidentes, de fiebres mágicas, de vacunas que brillan…), la autonomía (decidiendo qué platos van a cocinar y cómo van a repartirse las funciones…)…
En estos casos los adultos pueden jugar desde la voz en off o como personajes invisibles.
De 6 a 9 años: constructores de historias y mundos
En esta franja de edad, el objetivo es estructurar narrativas, mejorar la colaboración y enriquecer la expresión verbal y corporal. Algunos ejemplos de actividades que se pueden realizar son organizar una mini obra de teatro o crear una historia inventada por ellos, con disfraces caseros y un escenario improvisado.
De este modo, trabajarán la creatividad narrativa (transformando una historia simple en algo nuevo), la planificación (repartiéndose roles como el de escritor, director, actor…), el pensamiento simbólico (un objeto se transforma en otro. Ej. una caja de cartón puede ser una nave espacial), la confianza (aprender a actuar, a expresarse en público), la autoexpresión (mostrarse como son, explorar lo que les gusta…), la narrativa interna (explicar cómo aprendieron, qué les inspira…).
De 9 a 12 años: comunicadores del mundo
En esta fase el objetivo es integrar habilidades expresivas con pensamiento crítico, colaboración y autoestima. Para ello, se les puede proponer crear el guion de un podcast sobre temas que les interesan, realizar una entrevista ficticia a un personaje famoso o crear un programa de noticias creativas, entre otras actividades.
Así, los niños y niñas pueden trabajar la creatividad lingüística (usando otro formato para expresarse), habilidades de comunicación (aprenden a estructurar mensajes, modular la voz o adaptarse al oyente), el pensamiento lateral (buscan preguntas inusuales y respuestas graciosas o emotivas), la expresión teatral (gesticulan, improvisan, mantienen el rol…), la imaginación estructurada (hay organización, secciones, titulares…) y el trabajo en equipo (se reparten bloques, respetan turnos, colaboran…).
Te adelantamos que esté será el primero de una serie de artículos sobre técnicas para fomentar la creatividad infantil. ¿Te animas a dejarnos alguna sugerencia en comentarios para los siguientes?













