En un mundo donde los conocimientos técnicos cambian a gran velocidad, las habilidades que verdaderamente marcan la diferencia son aquellas que permiten a los niños conocerse a sí mismos, gestionar sus emociones, relacionarse de forma empática y seguir aprendiendo a lo largo de la vida. Todo esto se engloba en una competencia clave: la competencia personal, social y de aprender a aprender.
¿Qué es esta competencia y por qué es crucial?
Según la Recomendación del Consejo de la Unión Europea, esta competencia hace referencia a la capacidad del individuo para reflexionar sobre uno mismo, gestionar el tiempo, trabajar en equipo, asumir responsabilidades y aprender de manera autónoma. Además, incluye el desarrollo de valores como el respeto, la tolerancia y la responsabilidad social.
Fomentar esta competencia desde la infancia no solo contribuye al bienestar emocional del niño y de la niña, sino que sienta las bases para una vida adulta equilibrada, resiliente y con capacidad de adaptación. Las personas que dominan esta competencia son capaces de:
- Enfrentar los desafíos con perseverancia.
- Reconocer y gestionar sus emociones.
- Relacionarse de forma saludable con los demás.
- Aprender de los errores y mantenerse motivados.
Competencia personal, social y de aprender a aprender según la etapa educativa
Según la OCDE, las habilidades socioemocionales, como la resiliencia, la gestión emocional o la cooperación, tienen un impacto directo en el bienestar, el éxito académico y la inserción laboral. La UNESCO insiste en que el desarrollo de esta competencia debe formar parte del currículo desde las primeras edades porque el aprendizaje socioemocional es tan importante como el académico.
| Etapa educativa | Enfoque curricular | Estrategias y dinámicas recomendadas | Aspectos clave |
| Educación Infantil (3-6 años) | En esta etapa se sientan las bases del desarrollo emocional y social, fomentando la autonomía, la autoestima y la interacción con los demás. | – Juegos simbólicos y de roles para explorar emociones y relaciones. – Rutinas que promuevan la autonomía (vestirse, recoger juguetes). – Actividades grupales que requieran cooperación y resolución de conflictos sencillos. | – Desarrollo de la identidad personal. – Inicio en la gestión emocional. – Primeras experiencias de aprendizaje autónomo. |
| Educación Primaria (6-12 años) | Se profundiza en el autoconocimiento, la autorregulación emocional y el aprendizaje autónomo, promoviendo la colaboración y la responsabilidad. | – Proyectos cooperativos donde cada niño o niña tenga un rol definido. – Diarios personales para reflexionar sobre emociones y aprendizajes. – Técnicas de estudio y organización del tiempo adaptadas a su nivel. | – Consolidación de la autoestima y la empatía. – Desarrollo de habilidades sociales más complejas. – Fomento de la responsabilidad en el aprendizaje. |
| Educación Secundaria Obligatoria (12-16 años) | Se busca que el alumnado sea capaz de reflexionar críticamente sobre sí mismo, gestionar su aprendizaje de forma autónoma y colaborar eficazmente en diversos contextos sociales. | – Programas de tutoría entre iguales para fomentar la mentoría y el apoyo mutuo. – Proyectos de aprendizaje-servicio que conecten con la comunidad. – Sesiones de orientación académica y profesional para la toma de decisiones informadas. | – Desarrollo de la resiliencia y la adaptabilidad. – Capacidad para establecer metas personales y académicas. – Preparación para la vida adulta y la ciudadanía activa. |
¿Cómo se puede trabajar esta competencia en la infancia?
Educación Infantil (3-6 años)
A esta edad, los niños están comenzando a desarrollar su identidad y sus primeras habilidades sociales. Es una etapa clave para sentar las bases de esta competencia:
- Rutinas emocionales: nombrar emociones con pictogramas o cuentos, ayudar a identificar cómo se sienten y por qué.
- Juego simbólico y colaborativo: los juegos de roles permiten explorar distintas perspectivas y practicar habilidades sociales.
- Autonomía progresiva: permitir que se vistan solos, que tomen pequeñas decisiones, que organicen su espacio.
Educación Primaria (6-9 años)
En esta etapa, los niños comienzan a comprender reglas sociales más complejas y se pueden trabajar aspectos más profundos de la autorregulación y el aprendizaje autónomo:
- Diarios emocionales: espacios donde puedan escribir o dibujar cómo se sintieron en el día y por qué.
- Trabajo en equipo: actividades cooperativas donde todos los miembros del grupo tengan un rol que se rotan y valoran.
- Técnicas de autorreflexión: como «semáforos de emociones», lluvia de ideas sobre lo aprendido o lo que necesitan mejorar.
Educación Primaria (9-12 años)
Aquí ya se puede desarrollar un pensamiento más crítico y consciente. Es el momento ideal para reforzar la autonomía y la empatía:
- Proyectos personales: elegir un tema de interés propio, investigar y presentarlo a la clase.
- Círculos de diálogo: Dinámicas donde los estudiantes comparten emociones o experiencias, fomentando la escucha activa.
- Entrenamiento en resolución de conflictos: Enseñar a mediar y encontrar soluciones ante desacuerdos, con técnicas como el “yo siento… cuando tú…”.
Conexión con el bienestar y el aprendizaje a largo plazo
Esta competencia no solo mejora el clima escolar o familiar. También está directamente relacionada con el rendimiento académico y el desarrollo de otras competencias clave como la emprendedora, la digital o la ciudadana. Un niño o niña que se conoce, se valora y sabe colaborar es un niño que aprende mejor y que afronta la vida con seguridad.
Trabajar la competencia personal, social y de aprender a aprender no es un complemento en la educación: es el núcleo de una formación verdaderamente humana. Invertir en el desarrollo emocional y social de los niños es preparar ciudadanos más libres, felices y capaces de construir un futuro mejor.




